Berlín

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Berlín tiene buenos y variados lugares para andar en skate, locales amables, es fácil llegar a los spots más famosos, y tiene una cantidad de parques que podrían terminar con el déficit de áreas verdes en Chile si nos regalaran unos cuantos arbolitos. Además, es una ciudad relativamente plana, por lo que pateando o en bicicleta se puede recorrer mucho. Al este, cruzando el río Spree, se encuentran las famosas bancas de Warschauer, dos hileras de asientos, originalmente de madera, situados en un bandejón entre dos calles, donde alguien tuvo la loca idea de cubrirlas con metal.

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A pasos de ahí, entremedio de matorrales y junto a una pequeña cancha de fútbol, se encuentra un spot DIY, con cajones, planos inclinados y quarters. Todo de cemento. Nadie molesta y las botellas de agua se ven superadas por las de cerveza, como en toda la ciudad, pero sin peleas de ebrios en las calles…bien raros los alemanes.

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Por su historia, Berlín parece salida de una película (y ha dicho presente en varias) , donde cada cierto tiempo ocurren hechos increíbles para mantener la trama viva, por lo que es fácil pasar del skate a otras cosas.
El siglo XX fue una locura para Alemania. Protagonista de la Primera Guerra Mundial. Derrotada y castigada, se rearmó para volver a meter miedo en la Segunda, y de pasada, terminar con su capital destrozada. Como si fuera poco, luego vinieron 45 años de frío que obligaron al mundo a elegir bandos en una confrontación de matones de barrio, cada uno con discursos románticos y fanáticos, donde el resto debía decidir cuál lo protegía mejor o quién le pegaba menos. Finalmente, se las arregló para ser la madre de la Unión Europea, la ricachona, la poderosa, la estable, la segura de sí misma gracias a su bolsillo, la que toma las decisiones difíciles en las crisis, la que salva a sus «hijos» de los problemas, impone castigos y conductas, además de sembrar resentimientos. Y hace un tiempo le derrotaron 7-1 a Brasil y ganaron el Mundial.
A pocos pasos de los spots mencionados, en la ribera oriental del río Spree, se encuentra la East Side Gallery, memorial en honor a la libertad tras el fin de la Guerra Fría. Compartiendo con bares y personas haciendo picnic en el pasto junto al río, es básicamente un extenso pedazo del Muro de Berlín. En dicho lugar se invitó a diferentes artistas para que pintaran sobre su cara oriental. Los murales del este conviven con los graffitis del oeste, mientras que los rayados se burlan de ambos. Se vienen a la mente los tatuajes que personas se hacen sobre sus cicatrices en busca de vivir en paz con uno mismo y seguir adelante.
Pero, como se esperaría de un cómic o película de acción o aventuras (tipo Hollywood), faltaría la moraleja de la historia. La enseñanza. Que el bien siempre triunfa, el amor se impone, el bueno le gana al malo, etc. Puede que exista, como lo que apunta a ser la East Side Gallery y los contenidos de sus murales. ¿Pero se aprendió algo en la práctica?

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A más de dos décadas de la caída del Muro de Berlín y del término del conflicto que mantuvo al mundo dividido en dos por más de medio siglo, parece que, como se dice de la energía, el conflicto no se acaba, sólo se transforma. El poder. Siempre el tema del poder. Estados Unidos y Rusia vuelven a estar rivalizados. La disputa en Ucrania saca a la luz los resentimientos de ambas potencias, como dos niños que a pesar de que sus padres y profesores les hicieron darse la mano, nunca olvidaron la pelea a puños que tuvieron, y no dejan que nada los haga ver menos que el otro. Y mientras la recuperación económica se mantiene como un tema fundamental en Europa y el resto del mundo, el hambre, la pobreza y diferentes conflictos cobran vidas todos los días. Al mismo tiempo, entre Israel y Palestina existe otro muro, pero opacado por los misiles y proyectiles que pasan sobre él en busca de objetivos militares, llevándose inevitablemente vidas humanas.
Quizás en el mismo muro esté la clave, o más bien un grito de frustración. Una simple frase escrita sobre un mural, como desacreditando el trabajo de reconciliación, y de pasada al artista, que dice lo siguiente: «Hijos de puta, dejen de mentir, no aprendimos nada».

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Texto y fotografías por: Anibal Casanueva.