Skate y cárcel: Ali Boulala

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Andar en skate es y siempre ha sido ilegal. Desde los adolescentes que invadían casas para andar las piscinas, hasta hoy cuando se patina en la calle «dañando» propiedad privada o pública. Y eso diferencia al skate de un deporte, por más skateparks que se construyan. Aún así, no han habido personas cumpliendo grandes penas de cárcel sólo por andar, sino que por conductas que se dan en una actividad, quizás la única junto a la música, en que las drogas, el alcohol y otras pillerías, además de ser en gran medida permitidas, pueden ser un beneficio para el negocio, siendo el skate un nicho donde puede entrar todo aquel que probablemente no tendría una oportunidad en otra parte. Pero cuando se llega a a las rejas salen todos perdiendo, el que se va preso más que nadie, pero también todos aquellos a los que les gusta el skate.

 

Hay personas sin las cuales el skate (como industria, fenómeno, o como se le llame) sería harto más fome, o estándar. Obviamente es increíble ver a Nyjah Houston tirarse una baranda de crooked de 20 peldaños, 4 kink y con gap a la calle a la primera, pero si todo fuera así, la silla quedaría coja. Es la complementación entre lo brígido y lo original, entre lo rápido y lo ingenioso, entre el niño prodigio y el tatita experimentado, lo que lo hace especial. Que todo tenga cabida, y que no se trate de quién corre más rápido o llega primero. Sí, un equilibrio. Y ese equilibrio marcaba al team Flip a comienzos de la década del 2000. Geoff Rowley patinando spots que el sólo verlos era (y es) difícil, con Bastien Salabanzi como niño revelación de la época (considerando que hoy en día hay por todos lados gracias a los padres que incentivan a la fuerza a los niños), Rune Glifberg y la magia del vert, Tom Penny y el estilo indiscutible, Mark Appleyard y la masacre todo terreno, y por último, pero no menos importante, Ali Boulala y la aproximación original al skate, englobando un todo, desde la humorada a un ollie a 25 escaleras. Pero dicha dinámica también tuvo su periodo oscuro, de muerte, cárcel y lejanía.

 

 

A comienzos del 2007, Ali Boulala manejaba una moto por Melbourne, Australia, con Shane Cross, su compañero de team en Flip, como pasajero. Perdió el control y se estrellaron. Cross falleció y Boulala quedó herido de gravedad. 40 días de coma inducido y luego una sentencia de 4 años de cárcel por la muerte de su amigo. Cumplió dos años, se acogió a beneficios y salió en libertad. Durante su estadía en la cárcel, Flip Skateboards siguió produciendo sus pro models a modo de ayuda para cuando saliera.

Ali Boulala no se ha retirado del skate, pero a raíz de las lesiones del accidente, simplemente no puede patinar. Dentro de las secuelas físicas, aparte del hecho de que tuvo que aprender a caminar de nuevo, sumado a problemas de coordinación, un problema en su cadera le limita la movilidad en su pierna para patinar. Otro tema es la época en que nos encontramos. Con Internet, cualquier ataque, ofensa, mentira o odiosidad está a un click de distancia. Y considerando que hay gente que goza basureando hasta una parte de skate, imagínate en el caso de un skater involucrado en la muerte de un colega.

 

 

Luego de salir de la cárcel se casó con su novia, mantuvo su puesto en Flips Skateboards y recibió el aval de Kr3w. De su vuelta a Estados Unidos, hay temas de visa que solucionar, pero no se descarta. Respecto al skate, ojalá que pueda volver pronto, porque a quién no le gustaría ver un clip de Ali Boulala, aunque sea dando vueltas. Ahí gana el skate.