La huella y gracia de Chad Muska en el skate

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Hubo un tiempo en que todo lo que Chad Muska tocaba se convertía en oro, o más bien en moda. A fines de los 90 y comienzos del 00′, incluso en lugares tan apartados como Chile, era posible ver réplicas de sus vestimentas, mientras que sus productos se vendían como hoy solo lo hacen las Janoski. En lo que suena como una anécdota nostálgica está el valor de su presencia en el skate, más incluso que en las barandas gigantes que se tiró o los hubbas suicidas a los que les puso los pies, pues si bien soldificaron el “mito”, fue su impacto en la cultura del skate lo que lo convirtió en un ícono: su estilo, sus productos, sus partes y su aproximación a la tabla quedaron como referentes de una época y tallados en la mente de generaciones de skaters. Puso un signo de exclamación al hecho de que es la personalidad, dinámica y esencia de cada skater lo que da esa chispa subjetiva que hace que la tabla no pueda ser reducida a estadísticas ni cifras deportivas. Por todo eso, y porque son pocos los que logran achacarse un “The” a su nombre, y menos los que le hicieron cariñitos a Paris Hilton, aquí un breve repaso a la historia de The Muska.

 

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Clássicos de Muska: su pro model Circa con bolsillo secreto, su tabla Shortys que se vendía más que droga, y su pinta inconfundible.

 

Todo comenzó con un salto al vacío, o más bien a la arena. A los 16 años Chad Muska abandonó su hogar, el colegio y su trabajo en Arizona para, con unos pocos dólares en el bolsillo, subirse a un auto rumbo California. Sin certezas ni un futuro claro, comenzó a vivir en la playa mientras improvisaba sobre su skate. “No tenía nada, y aún puedo decir que esos fueron los mejores días de mi vida”, comentó en el video con que Transworld lo nombró como uno de los skaters más influyentes de la historia.

Así iban las cosas, entre fiestas y maldades, cuando Jamie Thomas lo metió a Toy Machine. Dejó la arena por los sofás y se subió a la van a cumplir su sueño, que era simplemente estar ahí, recorriendo el país sin planes de fama o riqueza. Pero su nombre crecía y se convertía en una fuerza carismática y talentosa quizás solo igualada por Jamie Thomas, mientras el próximo video de la marca, el ahora mítico Welcome To Hell, creaba gran expectación gracias a los ads y rumores pre-internet. Sin embargo, el desenlace pasó a la infamia.

 

 

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Su época en Toy Machine, recorriendo EEUU en una van junto a Ed Templeton, Jamie Thomas y Satva Leung.
Foto: McGrath

En la noche del estreno del Welcome To Hell, en 1996, una falla técnica pospuso el video cuando todo el público estaba reunido, lo que generó que Muska, ebrio y frustrado, encarara, puteara y amenazara de muerte a Templeton por querer perjudicarlo, quien inmediatamente lo expulsó del team e hizo que su parte fuera sacada del video. Pero no se preocupen, hoy se aman.

 

La parte “perdida” de Muska en el Welcome to Hell. Luego de su expulsión de Toy Machine, varios trucos se repartieron en videos posteriores, hasta que la parte original apareció por primera vez como un bonus en la versión DVD.

 

Con Toy Machine en el pasado, era tiempo de cristalizar sus visiones y pasiones, lo que lo llevó a crear Shortys Skateboards. Vinieron también las lijas, rodamientos, stickers, ads, las gomitas, la inigualable Rosa y la ropa, creando, todos juntos, el prisma por donde entender el sakte rapero de la época, ese que alguna vez fue amo y rey, y con el que muchos fueron introducidos al skate. Fue así como Muska se convirtió en estrella mundial, respaldado por un estilo y visión que se replicó alrededor del mundo, y potenciado por un carisma que pocos podían igualar.

 

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El team Shortys: el ethos rapero técnico-carnaza en su máxima expresión.

 

Sin embargo, el éxito puede ser el fin. Fue tan monstruoso el crecimiento de Shortys, tan increíbles las ventas (en un punto Muska llegó a vender 10 mil pro model de tablas al mes), que fue demasiado para alguien que su vida la vive por impulsos, para alguien no congenia con el excel y tener que superar las utilidades financieras del año anterior para no considerar el año “un fracaso”. La marca llegó a su fin el 2006, pero fue tal su impacto que recientemente revivió su marca hermana de ruedas, Ghetto Child, y se siguen viendo productos Shortys.

 

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Foto actual de Muska en su taller: pintura, esculturas, fotografías, diseño, colaboraciones, skate y todo lo que se le ocurra.

Aparte de darle una oportunidad, hubo otra cosa que Chad Muska le agradece a Thomas, y que en gran parte explica todo lo que ha hecho. En el mencionado video de Transowrld comentó: “Vi lo que hacía, vi que no era solo un pro, sino que también hablaba con las marcas, diseñaba, metía las manos. Tenía una voz fuerte para todo lo que pasaba alrededor de sus productos. Él hablaba y lo escuchaban. Jamie me abrió los ojos respecto a que podías hacer más que solo andar”. Y agarró chispa, ya sea con Shortys, éS u otros en un principio, o con sus pro model en Element, sus zapatillas en Supra -totalmente opuestas a la dictadura actual de la zapatilla tipo calcetín- y todo en lo que metió mano después; dejó salir su creatividad no sólo en el skate, sino que en la música, en el arte, en la fotografía, en el diseño de productos y lo que se le ocurriera. Así es como hoy, luego de lesiones y dificultades físicas que lo tienen alejado de los trucos de antaño, sigue apareciendo en galerías, exposiciones y otros proyectos, pero aún así con el skate en el corazón, con ese juguete con el que le dio identidad a una época, reafirmándonos a todos que no es lo que haces, sino cómo lo haces y con qué personalidad lo haces. Entrevistado por Monster Children, resumió la lógica y motor de su vida: “El skate es el verdadero amor de mi vida, más que el arte, la fotografía, el diseño, la música, incluso más que las mujeres”.