La travesía del skate en Palestina

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Foto: Matías Conejero

Palestina es un territorio dividido (Gaza – Cisjordania), aislado, ocupado y controlado militarmente. La violencia se desata en forma de protestas, represiones o bombardeos amparados bajo el conflicto palestino-israelí. Es una realidad donde la sola idea de un skate dando vueltas resulta extraña, quizás incluso inútil. Sin embargo, contra todo pronóstico, la tabla encontró un pequeño espacio en Cisjordania gracias a algo muy simple: el deseo de pasarlo bien, el mismo que nos lleva a todos a subirnos a un skate por primera vez; una característica universal, pura todavía en niños y jóvenes, ya sea en Chile, Europa, Asia o Palestina.

 

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Belén, ciudad palestina resguarda por un gigantesco muro construido por Israel. Dicho muro se extiende por grandes extensiones de territorio en Cisjordania. Foto: Matías Conejero.

 

Por siglos la región geográfica donde se encuentra Palestina ha sido considerada tierra santa por tres de las más grandes religiones del mundo (cristianismo, islamismo y judaísmo), y en gran parte razón de todas las guerras y conflictos que han ocurrido  a lo largo de la historia. Porque a veces la religión es una buena excisa para matar al prójimo. Ahí pelearon y habitaron los griegos, romanos, persas, árabes, turcos otomanos, británicos y más.

En la actualidad, las consecuencias políticas, militares y sociales del conflicto palestino-israelí hace que los jóvenes no tengan mucho a que aspirar, y tampoco mucho que hacer. Si bien pueden haber canchas de cemento repartidas por el territorio, basta pensar que su equipo de fútbol juega en Chile, además de ser una sociedad en su mayoría musulmana conservadora, lo que limita las formas de evasión y expresión, sobretodo para las mujeres. Sin embargo, de a poco el skate entró por goteo externo en una realidad en la que ciudades limitan con muros, donde los desplazamientos entre poblados pueden resultar complejos y donde no existe ningún skateshop. Es la realidad que muestra el premiado documental Epicly Palestine’d.

 

 

Documental Epicly Palestine’d, que muestra cómo el skate se abrió paso en un lugar improbable, además de mostrar que hay valores universales del skate que no discriminan, como la superación, dedicación, esfuerzo y entretención.

 

El 2006, el skater escocés Charlie Davis se encontraba en Cisjordania (West Bank) realizando clases a niños palestinos como parte de un voluntariado, y como buen skater, en sus ratos libres recorría las calles con su patineta, la cual conectó de inmediato con los niños y jóvenes con que se cruzaba. Fue tan fuerte la imagen que años después, en 2012, creó SkatePal, fundación que apunta, a través de recolección de fondos y donaciones, llevar implementos a la zona (tablas, etc.), construcción skateparks y la realización de clases de skate en el West Bank (Cisjordania). Luego de algunas rampas de madera, en 2104 inauguraron la primera pista de concreto en Khilab Centre, Zebabdeh, el 2015 otra en Asira Al-Shamaliya y ya trabajan en la próxima. La fundación explica en su sitio web por qué en un lugar tan improbable como Palestina, hace sentido, a pesar de todo, meter un skate. “Más de la mitad de la población en los territorios ocupados tiene menos de 21 años – las oportunidades culturales, educacionales y deportiva son severamente limitadas”. Y respecto al skate: “El skate es uno de los deportes más inclusivos del mundo; disuelve barreras de clase, raza, edad y género – el skate involucra a la juventud, alivia el estrés y construye confianza – no es jerárquico, no importa si eres principiante, profesional, niño o adulto – ¡EL SKATE ES ENTRETENIDO!”. Más claro imposible.

 

 

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Rosa Park, en Asira Al-Shamaliya, es el segundo skatepark de concreto gestionado por SkatePal. Foto: SkatePal.

 

A la labor de SkatePal, se sumó el trabajo de SkateQilya, organización con base en la ciudad de Qilya y  que el 2016 creó un skatecamp de tres semana para hombres y mujeres, y que está ad portas de realizar un programa anual. (valores que quiere entregar para la población). Son dos iniciativas que muestran que si bien el skate tiene un individualismo natural en su práctica y expresión, sus cualidades universales, pluralistas y no discriminatorias le otorgan el potencial de cruzar fronteras que, por diversas razones, la paz no parece poder.