Relatos de un skater chileno en Palestina

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Si ya puede resultar raro el hecho de que el skate se haya abierto paso en Palestina, resulta aún más increíble saber de un chileno y skater que decidió ir a pasarse unos meses a dicho lugar. Matías Conejero se encontraba de viaje cuando tomó la decisión de inscribirse en SkatePal, organización sin fines de lucro que se dedica a la construcción de skateparks y la realización de clases con los niños y jóvenes del West Bank (Cisjordania). Así fue como vivió dos meses en Asera el Shamilya, un pequeño pueblo que alberga una de las pistas construidas por la fundación, y que se encuentra muy cerca de Nablus, una de las tres ciudades más grandes de Palestina.

Al saber todo lo anterior, y porque ni la más densa investigación vía internet nos podría dar una idea de cómo es la vida en Palestina, reproducimos el relato de Matías sobre su viaje, el cual recoge sus impresiones y opiniones acerca de la universalidad del skate, los prejuicios, la religión, las costumbres sociales y mucho más

 

La censura – «Palestina efectivamente vive en estado de ocupación y en los controles fronterizos Israel te lo hace saber».

«Lamentablemente, pese a que sí tenía internet, Palestina efectivamente vive en estado de ocupación y en los controles fronterizos Israel te lo hace saber. Por más increíble que nos parezca a nosotros, ellos sí tienen y ejercitan el poder para registrarte por completo. Me refiero no sólo a control de equipaje y vestimenta (hasta quedar en calzoncillos), sino que también pueden meterse a tu computador, celular, copiar datos y leer cuanto les plazca, incluido entonces cualquier correo que les enviara a ustedes. Estos actos se ejercitan especialmente si uno va a hacer voluntariados al “West Bank”, incluso especificando que se trata de skate, algo tan trivial. Les confirmo esto porque me tocó vivirlo, en mi caso fue un par de horas, pero a otro de los voluntarios proveniente de Islandia lo examinaron literalmente por nueve horas. Así las cosas, mejor era guardarme los comentarios hasta salir de Israel».

 

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Banksy en Belén, el gigantesco muro construido para delimitar dicha ciudad, y dos niñas en un campo de refugiados de Nablus.

 

El día a día del skate – «No andan por impresionar, sino solo para disfrutar».

«Nuestras ‘clases’ eran más bien sesiones en que patinábamos con los niños, de lunes a viernes desde las tres de la tarde hasta que se pusiera el sol. La presencia ayudaba en primer lugar porque llevábamos tablas para quienes no tenían, la inmensa mayoría. En segundo lugar, cuidábamos que no se sacaran la mierda. Lamentablemente, una semana antes de que llegara quemaron el container de SkatePal donde se guardaban muchísimas tablas y pads –nunca pudimos saber si fueron extremistas musulmanes o los israelitas -, así que no tenían protección alguna».

«Y en tercer lugar motivábamos a los niños, mostrándoles lo que se puede hacer con el skate. Es muy difícil de explicar, pero para ellos es como estar viviendo en los ochenta. No tienen influencia sobre el “skate actual”, no conocen marcas, pros ni trucos salvo uno se los muestre. Están preocupados de pasarlo bien a su manera, a la antigua. Para ellos un flip tre, un blunt y dropear de una mini es exactamente lo mismo, no andan por impresionar sino solo para disfrutar».

 

Las mujeres, las costumbres y el islam – «Los musulmanes “conservadores/problemáticos”, son la inmensa minoría»

«Viniendo de una cultura occidental, es difícil no tener prejuicios o estar asustado por una religión que día a día es estigmatizada en los medios. La realidad es que los musulmanes “conservadores/problemáticos”, son la inmensa minoría. Excepcionalmente nos dieron problemas por no compartir ideologías, por ej: vestirnos inapropiadamente, o caminar con mujeres sin estar casados. Sin embargo, éstos son pocos, la inmensa mayoría nos dio la bienvenida a su hogar agradeciendo nuestra presencia en el pueblo».

 

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«Para comprender la interacción con las mujeres debemos recordar que el país es casi completamente islámico, con muy pocas excepciones cristianas y judías. Por tanto esa experiencia varía en primer lugar según yo sea hombre o mujer. Como yo soy hombre, debía distinguir entre las mujeres que aún no están en la pubertad y las que ya la han pasado. Sobre las mujeres/niñas que aún no están en la pubertad debía distinguir si sus padres eran o no islámicos conservadores. Si lo eran, yo podía conversar con ellas pero en ningún caso enseñarles o compartir alimentos o jugar con ellas. Esto lo sabíamos pues ellos mismo te lo hacían saber. Si no eran conservadores, la relación es la misma que en el mundo occidental, se les puede enseñar, jugar, dar la mano para patinar, fotografiar y todo sin problema».

«Cuando las mujeres empiezan a usar burka (los padres deciden según su criterio el momento, generalmente cuando alcanzan la pubertad), en ese caso sobre los padres musulmanes mantienen las prohibiciones y es mal visto conversar con ellas siquiera. Para los padres no conservadores se les puede enseñar y conversar, pero es mal visto tomar la mano y conversar.El pueblo donde está el skatepark es cien por ciento musulmán, del tipo conservador. La principal traba que tal situación provocaba era que en algunos casos los hombres no les podíamos enseñar a las mujeres. En otros más extremos definitivamente los padres no dejaban a las mujeres ir a patinar, ya que allí habría hombres. Por eso es especialmente importante que mujeres postulen al voluntariado, ya que sin ellas en algunos casos no se puede trabajar».
 

«Al mismo tiempo, según el Islam, hombres y mujeres no deben practicar deportes en el mismo recinto. Curiosamente -al menos a la fecha- el skate se ve como un juego y no como un deporte. Gracias a esto niños y niñas “jugaban” juntos, dándose entonces interacciones y encuentros maravillosos que sin la tabla jamás se darían».

 

 

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Matías y la pequeña Seedra en una de las sesiones/clases que compartieron. La religión y costumbres en muchos casos dificultan la interacción con mujeres, por lo que Matías resalta la importancia de contar con mujeres en el voluntariado.

 

El skate en la calle –  «Descubrí que Palestina es lo mejor para tirarse downhill!»

«Por un lado no habían guardias que te echaran de spots porque allí no hay seguridad privada y los poquísimos policías que vimos no se preocupaban. Los principales incovenientes eran»:
a) «El respeto a lugares sagrados o inaporpiados: Allí está repleto de mezquitas y otros lugares de culto donde es necesario mostrar respeto,
no solo en el edificio mismo sino que en los alrededores. Por inapropiados me refiero a los lugares que no son sagrados pero donde existen mujeres o gente de edad transitando».

b) «Muchedumbre: si íbamos a patinar a un lugar que no fuera Asera o Nablus (donde ya estaban más o menos acostumbrados a los voluntarios)
el spot se repletaba de curiosos y niños a los que –felizmente- terminábamos prestándoles la tabla».

c) «Spots: Lógicamente, al no ser un país desarrollado la mayoría de las construcciones y piso eran precarios, siendo difícil encontrar
buenos spots de Street. En todo caso…. Los de Isle Skateboards sacaron un montón de material!!! Pero ahí estamos hablando de pros europeos jaja».

«Si bien parece desalentador, descubrí que Palestina es lo mejor para tirarse downhill! Toda la geografía consiste en montes, el asfalto es más o menos resbaloso y en los caminos transitan pocos autos. Día a día para volver del skatepark de Asera nos tirábamos uno eterno!»

 

 

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Vista de Nablus al atardecer, una de las tres ciudades más grandes de Palestina.

 

 

El skate entre Palestina e Israel – «Las dos partes sueñan con una sesión idílica en que las culturas compartan la tabla».

«Gracias a SkatePal la tabla ha entrado recientemente al pueblo Palestino, que lo agradece. Como se ha dicho, el nivel es incipiente y lo viven a su manera. En cambio, Israel, favorecido por el libre tránsito de extranjeros y destinando dinero para construir skateparks increíbles, tiene un buen nivel».
 

«En mi viaje conocí tantos skaters de Israel como de Palestina, y con ambos hablamos sobre el anhelo de ir a patinar cada uno “al otro lado”. Las dos partes sueñan con una sesión idílica en que las culturas compartan la tabla, pero los palestinos dicen que les es imposible ir a Israel puesto que deben conseguir un permiso de los militares, mientras que los Israelitas arguyen que es muy peligroso ir a Palestina sin protección militar. Es imposible para uno solucionar esto, sin embargo, el que exista el interés entre “enemigos” de compartir una pasión común da esperanzas de que algún día las nuevas generaciones puedan patinar juntas».

 

La irrelevancia e importancia del skate en Palestina – «La tabla nada da, más que felicidad»

«El Skate no va a solucionar el conflicto Palestino ni mejorar el mundo. Es una actividad de por sí inútil, en cuanto no otorga por sí mismo un bien mayor. La lectura da educación, la medicina da salud; la tabla nada da, más que felicidad».
«Terminando mí voluntariado, luego de haber compartido y creado lazos con los niños y niñas, compartimos la última puesta de sol en el parque. Allí pensé sobre su porvenir, uno que aunque duela escribirlo será gris. La situación empeora día a día; google ha borrado a Palestina del mapa, Israel ocupa cada vez más territorio a través de los asentamientos, los derechos humanos se vulneran y la historia se olvida. Para peor, obviamente Trump es pro Israel . Esto fue para mí una realidad que viví por dos meses, pero para esos niños es y será su vida».

 Sin embargo, ante la incertidumbre puedo afirmar que durante el tiempo que compartimos fueron felices. La tabla dio alegría y sonrisas allí donde la vida es cada día más triste, y esos momentos de felicidad quedarán para siempre.

 

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Matías regalando pequeños presentes durante el cumpleaños del skatepark en Asera el Shamilya.

 

«Por eso estoy tremendamente orgulloso y recomiendo a todos los skaters interesarse por el voluntariado. En este contexto de mierda –la ocupación, calentamiento global, trump electo, etc- la actividad más inútil se vuelve imprescindible. El skate es el juego que uno lleva, pero lo que tanto voluntarios como niños obtienen de él son experiencias que largamente sobrepasan la extensión de cualquier tabla».

 

Fotos: Matías Conejero

 

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