Elecciones



Si no se había dado cuenta por la cantidad de carteles en las calles, el domingo son las elecciones
municipales, donde los concejales y alcaldes parecieran competir por quién contamina más la
ciudad, y por quién se preocupa menos de limpiar su propaganda después. La voz “oficial” llama
a todos a votar, especialmente a los jóvenes, más allá de por quién sea, especialmente ahora con
la inscripción automática y voto voluntario. Aún así, hay voces que llaman a no hacerlo, no por
flojera ni nada de eso, sino por razones que hablan de un sistema poco democrático y corrompido,
que se legitima únicamente por el voto.

Para nadie es sorpresa que las cosas no funcionan bien y hay mucha gente desilusionada con esto.
De partida, las elecciones son elitistas. Si no tienes plata para publicitarte, prácticamente no tienes
nada que hacer. O sea, hay que disponer de millones de pesos para recién comenzar a competir.
Las campañas se ganan con plata y no con propuestas, lamentablemente. Una burla para todos
los problemas que se podrían solucionar con más recursos. El financiamiento es un tema turbio y
sombrío. Alguien pone las lucas para el candidato, y lo más probable que a ese alguien se le rindan
las cuentas de la gestión también. Así ocurre en todos lados, y es la razón de por qué los medios
muchas veces no dan noticias que perjudican a las empresas o instituciones que publicitan en
ellos, por dar un ejemplo. Y es tanta la hipocresía de las personas llamadas a mejorar las cosas,
que contratan por debajo de la mesa a delincuentes para que instalen y cuiden sus propagandas.
Todos los años aparece en la tele cómo se enfrentan verdaderas pandillas “leales” a distintos
candidatos, y todavía no se hace nada al respecto. Obvio que no, si no todos salen perdiendo.
Mientras más se ve el acontecer nacional, y la forma de abordarlo de los políticos, más tira la idea
de que ya sea oficialismo u oposición, son casi lo mismo. Los primeros en su tiempo establecieron
el sistema actual, los segundos los derrotaron para perpetuar dicho sistema. Ahora con Piñera
dicho sistema se profundiza. Las principales diferencias parecieran ser los temas valóricos, por los
que tanto pelean los político, como si fuera un intento desesperado por diferenciarse.

Ahora andan todos espantados porque la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios,
(ACES), ha llamado a restarse en masa de las elecciones. Qué esperaban, si ya van cerca de dos
años de movilizaciones y las autoridades que dicen encontrar tan noble la causa estudiantil
(incluso el presidente declaró lo justa de la lucha estudiantil en la ONU, pero a varios kilómetros
de distancia, en Nueva York), han hecho poco por lo que se pide y por solo impulso de las
movilizaciones. Desalojos violentos y agresiones a los estudiantes de por medio. Qué voluntad
iban a tener de cambiar las cosas si al comienzo del gobierno se nombra a Lavín de ministro de
Educación, uno de los políticos que mejor representa lo que es ganar plata con la educación. La
solicitud de educación gratuita, de calidad, que integre y no discrimine, ha sido mayoritaria, y aun
así poco se ha hecho para que eso pase. ¿Qué garantía se tiene entonces?, ¿esperan acaso que
todos vayan cantando y de la mano a votar?

Es una tontera cuando alguien dice “si no votas no opinas”. Uno siempre pierde bajo ese lema.
Si vas a votar, le das en la razón a aquellos que defienden y sustentan un sistema injusto y que
sirve, a rasgos generales, a quienes tienen el poder en el país. Si no vas a votar, prácticamente
eres un inconsciente que no le interesa nada y que ni siquiera tiene derecho a opinión. Una
estupidez. Muchas personas pueden optar por quedarse en sus casas o hacer otras cosas el día
de las elecciones. Tenemos un sistema que funciona mal. En toda esta campaña, en los medios de
comunicación tradicionales se han visto más noticias sobre la pelea entre los partidos políticos por
ganar o perder comunas estratégicas, pero muy poco sobre las propuestas o promesas de cambio
para las mismos. Quizás porque si muestran muchas propuestas o compromisos, los candidatos
quedan amarrados, por lo que alguien podría cobrarles la cuenta en el futuro. También se puede
pensar que el voto legitima un sistema ineficiente y poco democrático. Uno se puede preguntar de
qué sirve ir a votar una vez cada cuatro años, si durante ese periodo de tiempo un alcalde puede
estropear una comuna, llenarla de edificios, prohibir el arte callejero, destruir barrios, etc.

Aun así, y a pesar de que las cosas estén mal, las elecciones son uno de los pocos momentos en
que se puede incidir sobre los que tienen el poder, aunque muchas veces en la papeleta se deba
optar por pichí o caca. Los votos dicen algo. Aunque sean blancos o nulos. De seguro que muchos
políticos prefieren que todos aquellos que no votan, sigan así. Por otro lado, hay ocasiones
en que se juegan cosas que no se pueden dejar pasar, o simplemente es la hora de pasar la
cuenta a los que toman las decisiones. A Labbé por sus declaraciones, políticas, homenajes,
defensa de asesinos, torturadores y dictadores, comentarios despectivos hacia los demás, entre
muuuuuuuuuchas otras cosas. A Torrealba y sus concejales por prometer el skatepark de Vitacura
y no cumplir. A las autoridades de Quilicura por entregar una pista de greda pegada con huevo
que el mismo día de las inauguraciones se caía a pedazos, entre muchos otros casos. Lo mejor es
no dejárselas tan fácil a los candidatos. Recordar cada promesa que hagan, cada cosa que dijeron
que iban a cambiar o mejorar, para luego recordarlo al momento que no lo hagan, o cuando
vayan por la reelección. También acordarse de los que hicieron bien y lo que hicieron mal (como
los skateparks en muchos casos). Que el voto no sea una acción automática sin sentido, solo por
cumplir. En ese caso es mejor votar nulo o blanco. Así también se dice algo.

Por ANIBAL CASANUEVA