Tsssssss, ¿qué pasó con la ciudad del deporte?

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Si se quiere llamar la atención, en el buen sentido de la palabra, el skate es la herramienta
perfecta. Nada más notorio que el zumbido de una tabla acercándose en la calle, el chispeo de
un pop, la subida y bajada de una cuneta. Inconfundible. Para alguien que anda en skate, dicho
sonido es un agradado, cuando uno era más chico lo asociaba al amigo que venía llegando para
patinar, o que alguien más se sumaba a la sesión, que había un ser “parecido” cerca, con el que
unir fuerzas

Pero hay otra ventaja, dicho sonido, en la calle, y en masa, llama fuertemente la atención. Por eso
que cualquier manifestación en tabla no necesitará cánticos ni gritos. Los aludidos sabrán de lejos
que algo se acerca que vienen a cobrar la palabra empeñada, como en el caso del skatepark de
Viña del Mar.

El skatepark se anunció hace más de dos años, y se preveía que su inauguración sería en marzo de
2012. Perdón, no se preveía, se había prometido que así sería, compromiso realizado por la propia
alcaldesa, Vriginia Reginato, del cual existen registros. Como buena política, empeñó su palabra, y
en dicho momento obtuvo flashes, aplausos y gracias.

Primero hubieron problemas con el lugar y los reclamos de una persona que reclama ser dueño,
y ahora, ninguna de las propuestas para la licitación se acepta. Según la municipalidad, una se
rechaza por ser muy cara, y la otra por no entregar todos los datos requeridos. Más allá de las
explicaciones, hubo un compromiso, el anuncio no fue quizás hacemos una pista, o si alguien
cumple con los requisitos de la licitación se construye, etc . Se anunció una pista en una fecha
definida, sin condicionantes. Los atrasos pueden ser, pero imagínense en qué estaría el tema si
nadie hubiera dicho nada, si la comunidad skater de Viña del Mar, Valparaíso y los alrededores
se hubieran quedado sentados esperando. Lo más probable es que a la primera el proyecto se
hubiera cancelado, como ha ocurrido en otras ocasiones, como en Vitacura, la comuna más rica de
Chile.

En Viña y los alrededores el tema no pasó inadvertido, por lo que rápidamente se organizó una
protesta a la municipalidad, con los respectivos y necesarios trucos en la baranda y escaleras.
Mensaje directo: un lugar para andar. También hubo otra en la gala del festival, en la cual
rápidamente aparecieron las fuerzas especiales de carabineros con sus mejores atuendos (cascos,
lumas, protección y vehículos) a terminar con la manifestación. Se imaginan lo terrible que hubiera
sido que unos cabros con tablas y medios sucios hubieran empañado “la gala”, donde se pasea
gente que pocas personas conocen, en una imitación de los eventos gringos que poco tiene de
original y “chileno”

Es curioso lo del festival. Es lo mismo que ocurre cuando nos visitan políticos extranjeros. Se les
muestra la parte bonita. Se les lleva a los mejores restaurantes, a los mejores hoteles, se les reúne
con los empresarios más exitosos, todo es sonrisas. Poco contacto tienen con la realidad del país,
más allá de algún escrito en el diario que vaya contra la corriente, si es que lo leen. Es el momento
de “lucirnos” y tirar la mierda debajo de la alfombra, para que vuelva a aparecer el resto del año.

Por lo menos ahora se volverá a llamar a licitación para el skatepark (se supne), según lo que
informó la municipalidad. Hay que velar por que así sea, mantenerse atentos, vigilar a las

autoridades. Recordarles los atrasos, incumplimientos y, sobretodo, los compromisos que
adquirieron. Aquí las cosas no son caridad, son recursos públicos, al igual como la plata que se
gastan en el festival, en los artistas, eventos etc. Más allá de que uno considere o no al skate de
dicha manera, ¿no era Viña del Mar la ciudad del deporte?, ¿o acaso es un eslogan que sirve solo
para las notas televisivas del verano?

Por: Aníbal Casanueva