Ha estado movida la cosa

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Será sólo ahora o simplemente es así siempre pero la inercia del día a día no deja notarlo. Si uno se fija, están pasando cosas bien raras, o más que raras, que uno no se imaginaría que causaran tanto revuelo, para bien o para mal.

Hace algún tiempo se detuvo al hermano de Sergio Lagos junto al vocalista de Los Bunkers por un tema de “tráfico” de drogas. Finalmente el hermano del animador quedó en prisión preventiva por posesión de marihuana. Lamentablemente faltaba que se viera implicado un familiar de famoso para que se comenzaran a difundir preguntas sobre la surreal Ley 20.000 sobre Drogas y Estupefacientes. Resulta esperanzador que muchos rostros participaran en un video cuestionado la normativa, lo que toma mayor fuerza si se consideran las declaraciones del ministro de salud, Jaime Mañalich, quien se abrió a la posibilidad de despenalizar ciertas drogas. Si le llegó reto después al ministro, no sé.

 


Algunas semanas atrás quedó la escoba con una entrevista que TVN le realizó al cura jesuita Felipe Berrios, quien se encuentra realizando una misión en África. Sus dichos molestaron e incomodaron a varios, sobre todo a los que se ponen dogmáticos sobre lo que Jesús y la Biblia dicen, o ellos interpretan que dicen, sobre el matrimonio homosexual, aborto u otros, pero que al parecer se saltan la parte de una vida sencilla o de las enseñanzas que llaman a no vivir una vida de consumo o la igualdad entre las personas y, cómo no, se las arreglan para que el país viva y se rija de acuerdo a su visión. Obviamente Berrios generalizó respecto a sus apreciaciones, pero el fondo sigue ahí, y mencionó varios temas que hace falta que se discutan.

Pero lo que dejó la grande, por su incidencia en este Dios que tenemos hoy en día llamado estabilidad económica, fue el masivo movimiento de cotizantes de las AFPs desde fondos de pensiones más riesgosos a menos riesgosos simultáneamente. Las autoridades reaccionaron para cuidar la muy preciada macro-economía. Pero los análisis en relación al tema iluminaron algo que cada vez se escucha más. Las AFP, las encargadas de “guardar” parte de nuestro sueldo para la jubilación, las mismas que obtienen millonarias utilidades, invierten nuestros ahorros en el mercado en forma de acciones, por eso que el masivo cambio asustó a las autoridades ante el posible efecto que eso tendría en el mercado. Por ejemplo, Cencosud, el grupo económico de Horst Paulmann, el mismo que levantó la mole Costanera Center que nos vigila todos los días, es una de las empresas donde las AFPs más invierten, por lo que se podría decir que miles de chilenos ayudaron a levantar su torre estrella, y todos aportaron para que su grupo económico tenga dinero para seguir levantando moles y, de pasada, pagar las multas o costear los juicios por acciones poco amigables con sus trabajadores o clientes, como lo ocurrido con los cobros de las tarjetas Jumbo Más.

Pero donde la cosa se puso muy rara fue cuando José Piñera, hermano del presidente y quien implementó el actual sistema de pensiones durante la dictadura militar, refutó las críticas a las bajas pensiones que se obtienen diciendo que todo dependía del mercado y del esfuerzo laboral de la persona durante su vida. En otras palabras, si su pensión es o va a ser baja, se debe principalmente a la falta de esfuerzo. Al parecer el tener un sueldo millonario o uno bajísimo da lo mismo. Más allá de que el sistema actual sea lo más adecuado o no, todos podrían concordar en que, por lo menos, debiera ser corregido, porque es difícil digerir que una persona que se levantan temprano y se esfuerzan por ganarse los pesos, aunque sean pocos, reciban en su vejez una pensión que no les alcance para vivir. Por otro lado, se supone que el sistema económico actual nos debiera beneficiar a todos, y que ésa es su razón de ser, como nos dicen las autoridades, pero con la reciente polémica del cambio de fondos pareciera ser que la población es la encargada de mantener el sistema para que no sea vea afectado, a cuesta del esfuerzo de muchos y la ganancia de pocos.

El aliño de todo es que estamos en época de elecciones, donde las promesas de los candidatos parecieran dibujar mundos perfectos. Lo curioso es que las elecciones pareciera ser el único momento en que todos aceptan que el fin justifica los medios. Reflejo de lo anterior son la destrucción de la propaganda del oponente (aunque con todo lo que contaminan dichas publicidades, y la plata que se invierte en eso, quizás nos hacen un favor), la lluvia de promesas de cambios y el financiamiento. No hay que olvidar que las campañas políticas cuestan muuuuucha plata, y que los candidatos reciben aportes millonarios, por lo que hay que tener ojo de dónde provienen, porque dicen que los favores se devuelven, y bien lo sabe un político con aspiraciones electorales. Sólo algunos candidatos han informado sus gastos de campaña y de dónde ha salido la plata, por lo que vale la pena echar una mirada.

El tema del dinero, o más bien de las influencias, también afecta a los parlamentarios en ejercicio, porque conocido es el lobby de las empresas cuando se tramita un proyecto del que pueden salir perdiendo. Tan evidente es el tema, que incluso hay una ley para regularlo. Sin embargo, los parlamentarios saltaron indignados cuando el Mañalich dijo que algunos habían votado la Ley de Fármacos pauteados por lobbistas. El hombre no descubrió la pólvora, pero tal fue la reacción de los parlamentarios que algo debe haber ahí. Quizás se enojaron porque era verdad o, menos probable, porque fue una excepción a la regla y no hubo lobby, por lo que se sintieron ofendidos por ensuciar su imagen siendo que se portaron bien.