Carlos Johannes en Kualumpur – Malasia

Kualalumpur, la Capital de Malasia, concentra gran cantidad de personas que se dirigen en todas las direcciones y en ninguna también. Calles atestadas y teñidas de un olor extraño parecido al del pasillo de los aliños en la vega central, la humedad es pesada pero el ánimo de la gente no decae, siempre con una sonrisa, están dispuestos transar una charla disimulando un regateo que es un ejercicio muy común del comercio para llegar a un buen precio para las partes en cuestión.
En cualquier lugar del mundo la buena vibra es algo imposible de evitar y cuando existe por lo general convierte a las personas desconocidas en amigos entrañables y capaces de tenderete una mano, así fue como conocí a Panjang, un joven malasio de chasca exuberante, caminar extrañamente pausado y largo con bigotes como los de Dalí, me acorde de inmediato de un amigo igual, el sarolaro. De inmediato estábamos hablando de la vida y de cosas nada importantes como el precio del tuktuk (moto de tres ruedas muy tradicional de esta zona del Asia usada para el transporte en general de 2 personas en la parte de atrás) cuando me llevo a conocer las tiendas de sus amigos y compartimos comida en la calle, almejas muy pequeñas cocinadas en un fuerte aliño, también calamar apanado y otras cosas que prefiero ni pensar mucho porque de seguro pudo ser un gato o un perro, el fumo unos cuantos cigarros mientras yo quebraba la industria de la cerveza nacional «Chang» y «Singa», luego caminamos a un hostal cerca de la avenida más concurrida, me sentí en valpo a ratos, y por un buen precio me dejaron usar una pieza con otros backpakers (mochileros) tome una ducha para sacarme el viaje, aunque el baño era no muy sano pero cumplía la función igual, todo decantaba en una alcantarilla muy pequeña cerca del water que estaba sucio y no era para sentarse debías hacer lo tuyo en cuclillas como en el bosque, teñido por el cigarro y con el neón a medio encender parecía una imagen de película, me apure en ir a la pieza y descansar un rato, ahora ya estaba sentado y tranquilo en Malasia planeando mi próximo destino.
Más tarde junto con un amigo salimos a recorrer esta ciudad llena de locales bastante «extravagantes» que me importaba muy poco, pero por supuesto el personaje de Panjang era el alma de todos lados, gastaba bromas a todo el mundo:
-carlo washaut!- Me dijo y estaba subiendo la faldita a una atractiva chica que resulto ser un niño, reímos a carcajadas y nos metimos en otra botillería a recargar petróleo (más cerveza)
Les dije que estaba de paso y me gustaría andar en Skate por la ciudad a lo cual pusieron cara rara y me dijeron que si quería lo podía intentar pero no habían muchos que lo hicieran por el tráfico insólito y la congestión de autos y personas, esto no me desanimo lo suficiente y seguí comiendo caracoles en una salsa parecida a un chimichurri.
Al otro día desperté con la extraña sensación de haber dormido en mi casa pero a poco pestañear me di cuenta que todos roncaban y no era mi hogar, sali temprano en búsqueda de algún lugar para patear con mi Skate, pero tenían razón todos los lugares llenos de policías y andando sólo en una ciudad donde ni siquiera hablan tu idioma mejor no tomar riesgos. Cambio de planes, agarre mis chiches y fui en búsqueda del misticismo en dirección a un templo enorme «BATU CAVES», desde «central» tome un mono riel que me llevo a la estación, sin perderme estaba frente a «Januman»un imponente mono-hombre de color azul que es una de las varias formas de Shiva.
Me había echo muchas ideas en mi cabeza pero el lugar era gigantesco todo era increíble, pero el comercio empañaba la vibra, sólo se sentía la atracción turística y los RM (moneda nacional) se gritaban todo el tiempo, este era el sonido y no el de algún canto de oración, pero bueno volví a pensar en lo que antes había reflexionado sobre el valor de las cosas, ese extraño aprecio a lo material que algunas veces nos angustia tanto y nos provoca esa incómoda inseguridad, la peor de las sensaciones cuando intentamos disfrutar de un viaje, pues de tanto andar, pensar, transar, usar y guardar de seguro perdemos algo, creo que una vez escuche decir a alguien que «cuando dejamos cosas olvidadas es porque queremos regresar» esto fue súper optimista porque pienso que sólo las perdemos porque nos preocupamos de muchas y es imposible.
De todas formas el viaje parece menos místico de lo que pensaba, ningún templo te va a entregar lo que debes encontrar en tu interior y en esto puedes adorar a quien quieras total las imágenes están echas para ser vistas, son cosas al final, las puedes ver, romper y olvidar.
Me preparo para salir al aeropuerto y buscar un nuevo destino Bangkok, pero antes un desayuno, una clase de panqueques rellenos de queso y de aderezo una leche condensada o un curri y un «NESLO» (NEScafe + un miLO = NESLO) y un pucho bien malo de esos que fumaba mi amigo Panjang que me había regalado cuando le dije que no me quedaba tabaco para liar.






























