Carlos Johannes en Cambodia

«Open you heart, open your wallet» fue lo primero que escuche de unos niños que se me acercaron en la noche tibia de Cambodia, no lo podía creer estos chicos de tan sólo 6 años hablaban un inglés mucho más fluido que el de cualquiera y eran muchos!

En eso momento me di cuenta que en el mundo entero sucede lo mismo, niños que viven en la calle y que luego mueren en ella producto de la droga y la violencia.


Me fui acostar con una extraña sensación de tristeza en el alma cuestionándome otra vez porque la vida podía ser tan extraña y comparaba lugares como Australia donde la basura no lo es y puedes encontrar televisores, sillas, sillones, mesas y computadores en perfectas condiciones y por otro lado el sudeste de Asia donde la basura la patean en las calles y la juntan para poder dormir, porque las cosas se vuelven tan importantes que dividen a las personas y algunas dedican su vida a tratar de conseguirlas para luego cambiarlas y otros no las quieren porque ya no están entre nosotros más solo es su cuerpo pues su mente esta distraída en otros asuntos o intentando con la droga abandonar el cuerpo maltratado y violentado, creo que agotado de lo mismo me desvanecí en un sueño el más triste que tenía hace mucho tiempo.





Desperté y salí con mi Skate a recorrer Phnom Penh, me encontré con los mismos y más niños en la calle y compartí mi Skate con ellos recordándoles por minuto que tienen derecho a jugar y ser felices. Repetí esto toda la semana sin afanes de limpiar mi karma si no sólo porque al estar con ellos sentía que mi hijo estaba cerca y también estaba yo cuando era niño.



Ese mismo día más tarde llame a Alix mi contacto en Skateistan, una organización no gubernamental también conocida por las siglas ONG, es decir una entidad de carácter civil entendido como «El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público o social, esto según Wikipedia. Lo interesante es que usan el Skate como instrumento de estímulo y compromiso para que los niños asistan a clases y obtengan las herramientas necesarias para competir en este mundo tan hostil que les rodea y rescatarlos del riesgo social donde están inmersos.








Para esto hay que entender también la historia de esta ciudad que sufrió una de las torturas más grandes del mundo durante el periodo democrático de Cambodia, producto del cual muchos habitantes fueron cruelmente asesinados, la economía y las expectativas de vida se redujeron a tristeza, para eso revisar por favor el artículo anterior sobre el museo del genocidio en esta misma ciudad, un relato escalofriante de lo que vivieron por años en este país que les marco hasta el día de hoy y para siempre.

Ya tenía una reunión con este grandioso equipo y partí a mi encuentro con lo que había sido no sólo durante este viaje si no muchos años una de las acciones más grandes que había visto con el Skate.
SKATEISTAN era tremendo y el equipo, las personas y los niños que participaba a en este gran acto de amor y Skate estaban llenos de energía positiva y entusiasmo, todos se mostraron muy interesados por intercambiar información, andar en Skate, aprender y reír durante este día y otros más.
Esa noche estaba más tranquilo sabiendo que hay gente en el mundo, aún más en el mundo y con Skate, que le importaba la vida y compartir amor.
En la pieza que arrendaba habían camarotes para 14 personas pero con la suerte dormí solo muchos días parecía un lujo no había más sinfonía de ronquidos y por fin podía descansar.

Los happyhour eran tremendos y por un dólar podías beber dos pitcher de medio litro de la cerveza local de 16 a 21pm, el Riverside completo se teñía de espumante dorado para mi suerte.
Era de día otra vez tome mi Skate como todas las mañanas para compartir con los niños en la calle pero esta vez mi sorpresa fue que encontré a dos skaters más provenientes de Melbourne Australia que se dedicaban a recorrer el sudeste asiático registrando todos los spot y skateparks, eran Alex y Robi unas bestias. No dijimos más y partimos juntos a patear la calle y grabar algunos trucos y como en toda sesión del mundo siguen un par de cervezas y luego ya estábamos atrapados en la noche de Cambodia, junto al resto de sus amigos derrotamos varias barras y cuando el sol amenazó con matarnos cada uno como vampiro volvió a su casa.







Al otro día les conté sobre skateistan, agarramos un tuktuk y partimos a compartir, una vez más la energía de los niños y el equipo hizo de este día un inolvidable recuerdo, antes de despedirnos les regalamos las tabla, accesorios y otras cosas a los niños, era el fin de nuestra odisea juntos.


Les dije adiós a las bestias australianas y en la noche quede por un par de chelas con el equipo de Skateistan cerca de Riverside, el mismo lugar donde cada mañana compartía con los niños de la calle. En el bar estaban todos, compartimos y nos alegramos de habernos conocido, también habían otras personas y una de ellas era Anna una chica austriaca que trabajaba en Ho Chi Min City y viajaba con su longboard registrando información para un sitio en internet, lo cual fue muy alentador, pues entendí que hay muchas personas compartiendo historias sobre ruedas en este increíble lugar llamado Sudeste Asiático, hablamos un rato y ya estaba todo listo había que dejar Phnom Penh y viajar a Siem Reap otro sitio en Cambodia donde se encuentran impresionantes templos, armamos un grupo y partimos, llegamos el mismo día muy temprano y de inmediato nos fuimos a la calle con las tablas mientras al resto los veríamos más tarde en un bar para comer y tomar.





El grupo era genial unos irlandeses que no podían más de las historias y Laura una amiga de Anna, fue una noche como cualquier otra en Chile, mucha cerveza y hablamos de todo; la vida, música, libros, desastres, peleas y bares.



Al otro día partimos a Angkor unos templos increíbles, la naturaleza se había comido las construcciones del hombre demostrando una vez más que podemos tener el control solo por un rato porque este mundo es más viejo y sabio que nosotros.










Al regreso almorzamos algo y fuimos a visitar un Skatepark que no era lo mejor del mundo sin embargo como en todo el viaje era una oportunidad para patear y no la podía desaprovechar, me puse andar mientras los chicos abandonaban la pista y aplaudían cada salto como el mejor, les preste mi Skate y nos reímos un rato, más tarde en la noche nos despedimos todos yo debía seguir mi camino a Bangkok para tomar mi vuelo a Bali, el resto debía hacer lo mismo y regresar a sus vidas normales.
Estaba agradecido de compartir con tanta gente y me olvidaba de los ronquidos, otra vez solo en un bus tome mi libro compañero de este viaje «En el camino, de Jack Kerouac» y continúe alucinando con las historias de Sal y Dean, vagabundos de Norteamérica, mientras esperaba ansioso mi último destino Bali.
Texto y Fotos por: Carlos Johannes


