Andrés Symmer – Entre descuidos y mala suerte

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El skate no es para llorones: bajar un truco, tomar buenas fotos, grabar o comenzar cualquier cosa relacionada a la tabla cuesta…puta que cuesta. Pero ese mismo impulso terco que a uno lo mantiene pateando fue el que llevó a Andrés Symmer a encarar robos, fallas técnicas mayores y otros contratiempos para llegar ser uno de los fotógrafos chilenos encargado de inmortalizar ratas arriba del skate.

Luego de que lo apodaran Rebel por pintar y y rayar las calles de Puente Alto, fue moviéndose por Gran Avenida el 93′ cuando se subió al skate y no se bajó más. Al tiempo agarró una cámara VHS que había en su casa y empezó a registrar todas las leseras que sucedían en las sesiones. Al tiempo llegaron los viajes, y al volver de Argentina el 07′, luego del robo de todos los equipos, le picó el bicho por capturar skate. Estudió fotografía de prensa e hizo la práctica en el diario La Segunda, donde apuntó su cámara a lo que trajera el día.

Paso el tiempo y le robaron el computador, arruinó un disco duro y quedó en pelota de material, pero siguió disparando con el aval de una de las crew más movidas e influyentes de Chile: Puente Skate, cuna de talento, diversión y aporte para los que andan; y de sesión en sesión ha realizado viajes, exposiciones y tenido vivencias imborrables en sus años de tabla.


COLECTIVO CALLEJEROS



A pesar de la parafernalia actual, el skate es más grande que las luces a su alrededor. Todo lo que ocurre arriba de una tabla escapa al número de revistas, sitios u otros espacio, por lo que Andrés creó el «Colectivo Callejeros» para dar espacio a todo el material que no «sale a la luz». Como impulso a la iniciativa, participó en una exposición fotográfica que se realizó en ciertos lugares de Puente Alto y San Fernando, y como la cosa se trataba de skate y la organización no siempre es la mejor, notó que no había registro del material de la expo, por lo que retrató a cada skater con su foto.

Recientemente Colectivo Callejeros sacó un video, «Callejeros», y se encuentran desarrollando un sitio web, siempre con la idea de mantener el skate en la calle. Puedes revisar todas las partes y otras producciones en su Canal de Youtube de Colectivo Callejeros




ANÁLOGO

Andrés Symmer no se quedó solo con ver las fotos en su computador, y desde chico se metió en el formato análogo, influenciado por las cámaras y el cuarto oscuro de su abuelo, además de un ramo de fotografía análoga que tomó. Así desarrolló una pasión por todo el proceso, el que para él genera un vínculo mucho más personal que retocar una foto en una pantalla. Por otro lado, también encontró una suerte de libertad, ya que los errores, experimentos e improvisaciones hacen de esta técnica algo único.



EL SUEÑO DE DESTRUIR EL COLEGIO

Todos en algún momento quisieron (o quieren) destruir su colegio; algunos lo pensaron una que otra vez, otros lo tenían en la mente todas las mañanas, pero es un sentimiento universal en la niñez y adolescencia.

Dicho lo anterior, los periodos de tomas estudiantiles que buscaron cambiar la situación del sistema educativo en Chile, el cual según estudios y organizaciones internacionales es discriminatorio, segregado y de mala calidad para los que no tienen dinero, crearon una situación especial para el skate. Luego de la toma Colegio Saint Lawrence, éste quedó semi abandonado, por lo que rápidamente llegaron las tablas a dar un buen uso a las instalaciones: skate, pilsen y hueveo. Y como las sesiones dan para todo y la energía del skate supera a las personas, muchas veces la cosa se salió de las manos, mezclando trucos con vidrios rotos y autos abandonados atravesando paredes; todo capturado por el lente de Andrés.

Muchos no se lo tomaron bien, pero como el skate está tan bonito, hinchar las pelotas agrega un toque clásico. «Es nuestra venganza contra un sistema educativo carcelario y carente de «educación», por otra parte, qué niño no sueña con destruir su colegio. ¡Skate and Destroy!», dice Andrés Symmer. Hay algunos que sí cumplen sus sueños, y otros que a la vez los registran.



Texto: Juan Pablo Díaz / Aníbal Casanueva