Skate y cárcel: Sean Sheffey

La epifanías (o revelaciones) abundan en la patineta. Puede ser un truco en un sueño, algún spot que viste caminando en la calle o, la más común, alguien que al patear te abre la mente respecto a lo que es posible con un skate. Eso fue lo que le entregó Sean Sheffey a toda una generación a principios de los 90′, cuando iluminó el camino y demostró con un estilo callejero y agresivo que sí era posible llegar más alto y más lejos con la tabla. Pero por si fuera poco, respaldó lo anterior con el factor que hace la diferencia en una industria donde el talento sobra pero los auspicios faltan: actitud y carisma. Sin embargo, su personalidad avasalladora sobre el skate también se reflejó fuera de él, por lo que aparte de protagonizar videos clásicos, abrir terrenos inexplorados y obtener el respeto de la industria, al igual que otros también tuvo que pasar largas temporadas tras las rejas, aunque ni siquiera el concreto pudo aislar su fama y legado.
Fakie Ollie sobre una mesa de pic nic. Un sólo truco necesitó para escribir su nombre en la historia del skate.
Hay varios casos de skater que con sólo una parte pavimentaron su carrera: Pat Duffy en el Plan B Questionable (1992); Elissa Steamer en el Toy Machine Welcome to hell (1996); Rodrigo Texeira en el éS Menikmati (2000); PJ Ladd y su pandilla de Boston con el PJ Ladd’s Wonderful Horrible Life (2002); etc. Y así ocurrió con Sean Sheffey y A Soldier’s Story (1991), de Life Skateboards. Con 17 años, pero con la apariencia de un jugador de fútbol americano, este cabro hubiera despertado sospechas de doping si el skate estuviera amarrado a las tonteras de los deportes, porque al saltarse una mesa de picnic de fakie ollie, halfcab, deslizar la parte de arriba de back tail y correr una baranda con doble kink, amplió el espectro más allá de los trucos técnicos en flat y cunetas que abundaban en la época. Luego continuó con partes en el Plan B Questionable (1992), Virtual Reality (1993) y el Girl Goldfish (1993) y Mouse (1996). Así, en la década de los 90′ era el skater que lo tenía todo: trucos, innovación, potencia, actitud y al cual nadie se atrevía a decirle nada. Skate callejero y agresivo en su máxima expresión. «Una fuerza de la naturaleza», como comentó Chris Pastras.

Un ad a base de actitud.
A la par con el skate, Sheffey desarrolló una afición por la fiesta, el trago y las locuras. Momento épico fue cuando en pleno concierto de Method Man, subió al escenario y le quitó el micrófono, según él para llevárselo de «recuerdo» (nunca pierdan la inocencia cabros). Pero en 1999 se complicó el panorama al sufrir una lesión en la rodilla que lo bajó de la tabla un buen rato, y con la que lidió de la única forma que sabía: tomando y carreteando. Según contó en una entrevista, nunca pudo ver que tenía una adicción porque se camuflaba con su carrera en el skate. Eso hasta que no pudo andar. Luego de un incidente con la policía, se fue preso por un tiempo a principios de la década del 2000, y al romper la libertad condicional en reiteradas ocasiones, entró y salió de la cárcel intermitentemente por años, sumando condenas de 20 meses, 6 meses, 4 meses y más. Sin embargo, durante sus estadías en la cárcel no formó parte de pandillas ni tampoco fue obligado a entrar a una, ya que junto con la persona su reputación también cruza las rejas, y era conocido como el skater que se encontraba en prisión por guardias y reclusos.
En el Plan B Questionable se notó la influencia que Rick Howard, Mike Carroll y el resto del team tuvieron en él, ya que sumó trucos técnicos a la potencia de su skate.
Cuando Sheffey salió de las rejas de manera definitva, sin auspicios ni carrera en el skate, su nombre y legado tocaron la puerta a los pocos día cuando Jake Brown le ofreció un cupo en Blind Skateboards, con la condición de que las drogas y el alcohol quedaran excluidos. Así volvió al escenario uno que influenció a varios de tus skaters favoritos, y una prueba tangible de que a pesar de todos los cabros que hay en la patineta, y del odio que se puede generar entre los pares, la trayectoria y legado se respetan, y respeto es lo primero que genera la figura de Sean Sheffey.

Sheffey recreó su intro en el Plan B Virtual Reality (1993), y nuevamente saltó sobre su hijo Julien, aunque un poco más crecidito. Publicidad para Blind Skateboards luego de dejar las rejas en el pasado.



