Delincuencia y Reforma

Asesinatos, robos, golpizas, etc. Así suelen comenzar los noticieros. Al verlos, con algunos más que otros, uno queda con la sensación de que el país se está cayendo a un pozo. A tanto llega que es uno de los temas principales de muchos políticos, donde acuden al discurso anti-delincuencia como un modo desesperado, y muchas veces eficiente, de atraer votos mediante la “sensación de seguridad”. Fue el gran tema de Sebastián Piñera en su campaña: atacar constantemente a los gobiernos anteriores por los índices de delincuencia, la puerta giratoria, y el resto del discurso típico de su sector, donde el orden, en la manera que sea, pareciera ser lo más importante. Ahora que el tema se les fue en collera y no pudieron reducir los índices delictuales, y seguimos conociendo cada día de casos de personas afectadas por el tema, responsabilizan a los jueces.
Ahora último, al parecer el gobierno “se ha dado cuenta” que el problema no es de las autoridades, sino de la legislación, la que le permite demasiadas licencias a los delincuentes. Así que han anunciado la creación de un nuevo código penal para establecer condenas adecuadas para los diferentes delitos, y así terminar con normas anacrónicas, tomando en cuenta que el actual código fue redactado en el s. XIX y desde ahí se ha ido parchando.
Sería bueno que la reforma que se haga sea integral, que se amplíe más allá de las condenas y considere diversos aspectos. En otras palabras, que cambien el tema de que la justicia funciona de una manera para los que tienen dinero, y de otra para los que no. De hecho la misma televisión se encarga de potenciar ese problema. Es cosa de ver esos programas policiales del Mega o Chilevisión, donde un equipo televisivo acompaña a los policías al momento de detener delincuentes. Hay un factor común en todos ellos. Siempre son en poblaciones o en zonas de menores ingresos, y por lo general por temas asociados a las drogas. Eso es derechamente aprovecharse de las personas por un poco de rating. ¿Por qué no entran con carabineros a detener a los ejecutivos de La Polar? ¿Por qué no los ponen contra el piso y apuntan sus armas? Si se consideran que los delitos económicos suponen enormes cantidades de dinero, mucho más que lo que algún narcotraficante podría amasar, ¿por qué no graban cuando los culpables son delincuentes de cuello y corbata? Simple, no se atreven. Saben que si entran a la casa de un ingeniero, abogado, empresario, ejecutivo u otro, en su casa en La Dehesa, apenas pongan un pie dentro serán amenazados con alguna demanda, que saben perderán. Las personas que son allanadas y grabadas para esos programas, son gente de escasos recursos, que no tienen ni el tiempo, dinero, y lo más probable el conocimiento, de que podrían impedir que una cámara los grabe. Respecto a la labor periodística, nada aportan dichos programas, todo lo contrario. De seguro un carabinero se comportará impecable si hay alguna cámara. En qué ayuda a la causa judicial que a una persona la graben boca a bajo mientras su señora e hijos lloran aterrados. Puro show, verdadera TV basura.
Pero además de la reforma penal, se necesita un cambio de mentalidad. El último pastelito es el del técnico de Colo Colo. Me cuesta pensar que un choque sin documentos pueda pasar piolita para cualquiera sin influencias y en un autito más destartalado. Prueba de que aquí, hasta los carabineros parecieran ser clasistas, o por lo menos en algunos casos se derriten cuando ven a cierto famosillo.
También, y antes de pensar en cambiar la ley para meter más gente a la cárcel, se debe considerar la condición de las mismas. Organismos internacionales han criticado en reiteradas ocasiones que las condiciones carcelarias chilenas son inhumanas. Si alguien entra ahí, lo más probable es que no salga rehabilitado, sino que con más problemas. Algo dice sobre nuestra sociedad la forma en que tratamos a los presos, como ratas. Dónde queda la rehabilitación entonces, esa segunda oportunidad. Casi inexistente en las condiciones actuales.
Es común que al andar en skate algún carabinero aparezca para echar a la gente (en el mejor de los casos). En esas situaciones es difícil no preguntarse: ¿no tendrá algo mejor que hacer? ¿Algo más importante de lo que preocuparse?, como la corrupción, robos violencia intrafamiliar, etc. Es un detalle y en nada va a reducir, detener o desmotivar a quien ande en tabla, pero también hay que establecer prioridades, y darse cuenta de que no todo lo que sale de la norma, del “orden”, de lo establecido, de lo bien visto, de lo común, de los esperado, de lo aceptable, es tan malo como algunos piensan, y una de las gracias de una sociedad libre, a pesar de todos los problemas que existen, es que te permitan expresarte. Aunque por muchos carabineros, malas caras o gente weona, el skate no para, lo contrario, más ganas dan de practicarlo.
En definitiva, si vamos a reformar las leyes para mandar más gente a la cárcel, deberíamos mejor reformar nuestra manera de pensar y aproximarnos a los problemas para evitar que la gente caiga en dichas conductas. Lo anterior se logra con educación, oportunidades, mentalidad abierta, rehabilitación, etc. De no ser así, las cosas seguirán como ahora, donde existen barrios donde la delincuencia parece ser la única opción, gente que no conoce nada fuera de su mundo más cercano, cárceles llenas de personas apiñadas como ratas, discriminación hacia lo que no se conoce o no se entiende, entre muchas otras cosas. Hay que atacar la causa de los problemas, pobreza, falta de oportunidades, discriminación etc., y no construir más cárceles para meter más presos. Eso es un círculo vicioso donde el que tiene menos dinero siempre perderá. Con tantos expertos y “desarrollo” que presumen las autoridades, el cambio no puede ser solo un código nuevo para establecer condenas más duras.



