No Más Show

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El deporte siempre ha sido la joya perfecta para vender la pomada, y pareciera ser que siempre ha sido así. Los romanos tenían el Coliseo donde armaban batallas para saciar las ansias de entretención y sangre de la gente. Hitler organizó unas olimpiadas para demostrar la superioridad aria, pero Jesse Owens les aguó la fiesta y venció a los rubios en su propia casa y con el bigotudo en las tribunas. Años después Argentina organizó un mundial de fútbol en plena dictadura militar y, cómo no, sucedieron cosas raras. El local le ganó 6-0 a Perú, necesitando ganar por una diferencia de 4 goles para pasar a la siguiente fase. Como guinda de la torta, se coronaron campeón en el estadio de River Plate, en Buenos Aires, a sólo unos metros de la Escuela de Mecánica de la Armada, el mayor centro tortura del régimen.

De hecho, el tema va más allá del deporte y se aplica a diversos actos masivos o importantes. Basta pensar con la visita del Papa a Chile y la forma en que Pinochet intentó blanquear la imagen del país a los ojos del mundo, a pesar de las protestas que se generaron.

Pero quizás estamos en un punto donde la cosa ya no funciona así, o no tan bien por lo menos. Basta ver lo que ocurrió en Brasil. Si hay un país donde reina el fútbol es Brasil, y nadie sabe convertir un evento deportivo en una fiesta mejor que ellos. Pero en la reciente Copa Confederaciones el anfitrión dejó ver su malestar con los invitados y el mundo.

El alza en del pasaje del transporte público carioca, sumado al millonario gasto para organizar la Copa Confederaciones y la Copa del Mundo del próximo año, además de las Olimpiadas en algunos años más, detonó una reacción social que rápidamente se expandió por todo el país y no dejó partido del campeonato sin que hubieran manifestaciones afuera del estadio y masivas movilizaciones en las calles. Suena lógico considerando las precarias condiciones del transporte, salud y educación que debe soportar gran parte de la población. A tal llegó el enojo, que Pelé se tuvo que retractar de sus comentarios respecto a que la gente debería apoyar a la selección en vez de protestar. Ex astros brasileños, como Rivaldo y Romario se mostraron a favor de las manifestaciones y criticaron el gasto en los eventos deportivos. Incluso Neymar, máxima figura de Brasil y recién fichado por el Barcelona, se mostró a favor de las manifestaciones.

A la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff, no le quedó otra que escuchar la voz de la calle y anunció la realización de un plebiscito para hacer una reforma política. En principio suponía llamar a una asamblea constituyente, pero luego echó pie atrás. En resumen, se consiguió marcar una ruta para los cambios. Algo similar ocurrió en Chile con la educación, sino fuera por las marchas estudiantiles, el tema no estaría tan fuerte como hoy, y no tendríamos universidades investigadas por lucrar o cerradas por la mala calidad o con el tema como una de las prioridades dentro de la agenda de los políticos, candidatos y ciudadanos. Ahora se pone atención, y no gracias a las autoridades.

Aterrizando el tema a la tablita, ésta también se ve expuesta al show. Si nos ponemos a contar cuántas iniciativas en el skate han sido mal hechas, como los skatepark o pistas de patinaje, estaríamos todo el día. Por dar un ejemplo, hace un tiempo se inauguró el skatepark de Quilicura. Bien chico pero bien bonito a primera vista. El problema fue que en la misma inauguración comenzó a caerse a pedazos, literalmente. No se puede dejar de pensar que esas cosas se hacen por show, por un tema de decir que se hizo algo. Más que seguro que la inauguración de la pista salió en boletines municipales o sitios web o algún otro medio para mostrar los logros de la Municipalidad. Ejemplos como ese hay muchos, pero lo bueno es que se está tomando conciencia. Cuando ocurre, no queda en eso, se difunde por las redes sociales, sitios de internet, boca a boca, etc. A tal punto llegó el tema que un noticiario hizo un reportaje acerca del precario estado que tenía la pista a los pocos meses de ser inaugurada, además del peligro que eso significaba. Es bueno que no haya resignación, dejar atrás la mentalidad de que peor es nada. Si se hace algo, que se haga bien, igual como se les exige a todos los chilenos en sus trabajos, aún más se les debería exigir a las autoridades.

El deporte, y menos el skate, ya no es una forma de tapar problemas o de “regalar” cualquier cosa y hacerla a la rápida y mal. Chile no es Estados Unidos y aquí no hay decenas de skateparks en cada ciudad, además de que la escena o industria nacional no tiene los millones que hay allá u en otro país más nórdico. Los pisos malos, los cambios de clima y la falta de pistas, irónicamente, han permitido aprovechar y apreciar más lo que se tiene y animarse a patinar los spots aunque tengan mucho “peros”. Es por dicha motivación de patinar sin importar las condiciones, que resulta importante que las cosas nuevas que van apareciendo en el skate (pistas, iniciativas, etc.), aunque sean de apoco, se hagan bien y que sean un aporte. Que el show se lo mamen los interesados en él, no los interesados en el skate. ¡A patinar cabros!