Big Brother Magazine

La historia del skate se divide en épocas con su propia dinámica, estética y forma de hacer las cosas. Si hay algo que te gusta hoy, aprovéchalo, porque probablemente cambie. Antes de los campeonatos televisados y por streaming, antes de que los gigantes deportivos hicieran «famosos» a los riders, y antes de que se hable de la posibilidad de que la patineta llegue a los Juegos Olímpicos, reinaba el humor y el hueveo. Era ahí donde jugaba Big Brother. Su fórmula era mezclar el skate con contenidos hincha pelotas. Bien similar a lo que es el skate en sí mismo. ¿O alguna vez te has preocupado a quién puedes enojar cuando patinas en la calle? Todo queda opacado por el deseo de andar. Al parecer, en Big Brother todo lo opacaba el deseo de reírse.

En 1992, Steve Rocco, dueño de World Industries, y por ende de Plan B, Blind y 101, agrupando a skaters como Mark Gonzales, Natas Kaupas, Danny Way, Mike Carroll, entre muchos otros que hoy manejan en gran parte los hilos de la industria, tuvo un problemita con Transworld. Como dicha revista no quería publicar una de sus publicidad por considerarla ofensiva, pagó un anuncio de dos páginas preguntando a los lectores qué debía hacer. La respuesta: su propia revista. Así comenzó Big Brother.

Como buen proyecto de skate, la seriedad no era prioridad y las primeras ediciones eran un caos: formatos de diferentes tamaños y artículos que podrían considerarse peligrosos. La primera edición fue catalogada como un fracaso por su creadores, mencionándolo textual en la portada, y por ende se entregó gratis. Luego vinieron una serie de artículos suavecitos: Técnicas para suicidarse o cómo hacer una cédula de identidad falsa. A lo largo de los años abordaron temas raciales, religiosos, pornográficos, sexuales, entre otros. Ahora, por ejemplo, hay revistas que realizan ediciones especiales sobre los ams, algún video nuevo o incluso acerca de productos, como lo hace Transworld. Big Brother también lo hacía, pero con otro toque: El especial gay, el especial amarillo (asiático) y el especial mujeres (con un skater disfrazado de mujer en la portada). ¿Alguien se atrevería hacer algo así hoy?

Las portadas eran un mundo en sí, y en una de las más memorables aparecía Jesús crucificado sobre tablas de skate, donde los trucks hacían de clavos. Por su parte, las oficinas de la revista en World Industries, con skatepark incluido, eran tierra de nadie y con bong «corporativo» incluido. Con ese antecedente, se les ocurrió pedir a los lectores que enviaran marihuana para probarla y elaborar un ranking. Fue tanta la que llegó que realizaron unas «Olimpiadas» para ver quién fumaba más. Estilo.

El contenido de la revista parecía salido de la mente de un adolescente sumergido en la TV basura: Un «review» de una lija donde depilaban un poto; un aviso para suscribirse donde aparece Jerry Hsu simulando una eyaculación; una sección artística que hacía una metáfora de una obra de arte con un gato (Gary) comiéndose un pájaro; otra sobre el «arte del vómito» y sus diferentes tipos; un artículo que investigaba si los rollers eran gay (con fotos de miembros del staff agrediendo a uno); un anunció del video de la revista, llamado Crap («mierda» en inglés) en el que aparece el filmmaker en pañales y «crucificado». Y mucho skate, por supuesto.

Luego de las primeras ediciones, Steve Rocco se desligó del trabajo diario, y en 1997 ocurrió uno de los muchos hechos bizarros de Big Brother: fue comprada por Larry Flynn, dueño de la revista porno Hustler. La idea era venderla y obtener la plata rápido antes de que supieran lo que estaban comprando. Paradójicamente, el nuevo dueño disminuyó las temásticas sexuales, pero la indecencia siguió fuerte. Aunque una vez se confundieron las suscripciones y a los skaters les llegó Hustler y a los porno «lovers» les llegó Big Brother. Jajaja. Finalmente la revista dejó de circular el 2004, cerrando una época. Buuu.

De Big Brother salieron los cerebros y estrellas de Jackass. O sea que los que se burlaron de todo y todos, se hicieron en gran parte millonarios. Una última burla en la cara del resto. Y ahora que el skate está más pulido y lindo, y donde pareciera que los skaters van a llegar a ser rostros publicitarios de multitendas, sería entretenido que el sentido del humor y la incoherencia tuvieran más espacio, recordándonos de que la diversión es la razón de por qué uno se subió a un skate y no se bajó más.




Texto: Aníbal Casanueva


