Ley de Pesca



Ley de Pesca, Mujica…

“Tenemos que darnos cuenta de que la crisis del agua, que la crisis de la agresión al medio ambiente, no es una causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir”. Nada nuevo, pero lo anterior no se dijo en una protesta, manifiesto social, actividad antisitemica, ni mucho menos. La frase formó parte del discurso del presidente de Uruguay, Fernando Mujica, en la Conferencia de la ONU por el desarrollo Sustentable, realizado en paralelo a la Cumbre de los Pueblos, en el mes junio. En la ocasión, se discutía el fracaso de las políticas de desarrollo sustentable en el mundo, y los planes para cambiar las cosas, tal como siempre se hace en dichas cumbres internacionales, donde abundan los lamentos y escasean los resultados.

Si se lee o escucha el discurso de Mujica, es difícil no pensar en la situación de Chile, con la más reciente situación de la Ley de Pesca. Luego de ser aprobada en la cámara de diputados, y de aprobarse en el Senado, la nueva norma regulará y establecerá la forma en que se extraerán los valiosos recursos pesqueros, los recursos de un mar sobre el cual Chile tiene el privilegio de tener poder de decisión. Sus impulsores argumentan que es una norma sustentable y que busca solucionar el tema de la sobrexplotación de los recursos. Por otro lado sus detractores alegan que básicamente se privatiza el mar, ya que se le entregan jugosas licitaciones a grandes grupos económicos de manera indefinida. O sea, entregar el mar.

Aprobada o no la ley, la situación ya está mal. Los recursos marinos han sido sobreexplotados de manera salvaje, con una pesca de arrastre que no tiene consideraciones con el fondo marino, especies y nada que no signifique ganancias, antes de que llegue otro y se las lleve. Con la nueva ley se supone que terminará la sobreexplotación, ya que regulará, en palabras simples, cuanto pescado se puede sacar para no caer en la sobrexplotación. El problema es que grandes licencias de pesca se las llevará el área industrial, reduciendo incluso el área física de captura para los pescadores artesanales.

La primera alerta responde a las personas que votan la ley. Los parlamentarios son electos gracias a campañas políticas con inversiones millonarias en publicidad. La plata para propagandearse no sale de cualquier lado. Esto ocurre con la pesca y un sinfín de otros proyectos que pasan por sus manos. Es lógico dudar de alguien que haya recibido ayuda económica de parte del algún grupo para llegar al parlamento. Si no deja contentos a sus financistas, quizás no cuente con sus recursos para ser reelecto. Da para pensarlo, aún cuando el tema del financiamiento sea un área sombría y poco transparente.

Que la ley hable de sustentabilidad está bien, pero solo porque se compara con la situación actual, que es crítica. No resulta muy agradable un sistema donde no se extingan los peces, pero igualmente se saquen millones de toneladas, con costos naturales y a favor de las grandes pesqueras. Por otro lado, la pesca de arrastre se mantendrá, destrozando el fondo marino, ecosistemas, vida, y territorio que pertenece a todos.

Las cosas no pintan bien ni ahora como están, ni como se suponen que serían con la nueva ley. El tema va más allá de algo económico, o que se saquen más o menos peces. Lo malo parte antes y está en la mentalidad.

“El hombre no domina las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre”, dijo Mujica en alusión al mercado y a la sociedad del consumo, ambas generando un circulo vicioso del que pareciera no se puede salir. Si se para de comprar, de consumir, la economía se estanca y nos vamos todos al carajo. Así, las personas están a la merced del funcionamiento del mercado. El presidente de Uruguay no dijo nada nuevo, pero importa dónde lo dijo y desde qué cargo lo hizo. Uno no acostumbra a oír ese tipo de cosas de los políticos. Para la mayoría todo es crecer, crecer, crecer, para solucionar todos los problemas, pero parecieran olvidarse de ver cómo van quedando las cosas, el mundo, las personas y recursos en el camino.

Si se reclama por el hecho de la industria pesquera, hay que pensar que la conducta parte por casa. Por algo hay empresas que arrasan con el mar y todo lo que hay en él. Porque hay millones de personas dispuestas a pagar por eso y los derivados que se obtienen. La producción y el consumo, en general, responden a estilos de vida excesivos y poco naturales. Quizás muchas veces no nos damos cuenta, porque ya estamos acostumbrados a comprar harto y que las cosas duren poco, y comprar de nuevo, tal como dijo Mujica. Pero los que sí ven los efectos, por lo menos inmediatamente, son las especies marinas sobreexplotadas, los bosques arrasados, el aire contaminado, la biodiversidad reducida. Muy pocos se salvan de fomentar un sistema como el nuestro, la mayoría, queramos o no, lo mantenemos funcionado con nuestros actos y estilos de vida.

Antes de la Ley de Pesca, y para evitar dichos temas, hace falta replantearse algunas cosas y terminar con un escenario donde el más grande se lleva más y deja a los más chicos con migajas. Donde por el solo hecho de entregar puestos de trabajo, puede explotar a la naturaleza que nos pertenece a todos, entre muchas otras cosas que se pueden ver con solo salir a la calle.

“El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental”. Quizás hay que apuntar más a algo como lo que planteó Mujica, que a pesar de que se escucha poco, sobretodo en cumbres internacionales, es compartido por muchos alrededor del mundo.

por Aníbal Casanueva